Distinguir cuándo usar el servicio de urgencias hospitalarias es fácil o difícil, todo depende de la manera en la que enfoquemos nuestra situación. Antes de tomar una decisión, es importante que nos detengamos a pensar en el nivel de gravedad, es decir, si es una emergencia porque nuestra vida corre peligro o si es una urgencia porque nuestra dolencia requiere de una respuesta rápida, pero no pone en riesgo nuestra vida.

Aunque hay miles de razones por las que puedes acudir, lo ideal es que acudas en los siguientes casos:

  • Dolores severos y persistentes en el abdomen, en el pecho, en la cabeza o en cualquier otra parte del cuerpo, especialmente si van acompañados de vómitos o complicaciones respiratorias.
  • Accidentes con traumatismos, heridas físicas, fracturas, cortes profundos o golpes, sobre todo cuando sangran mucho, producen mareos, problemas de movilización o pérdidas de conocimiento. Hay que prestar especial atención a los traumatismos de columna cervical o de cráneo, que desencadenen hormigueos o entumecimiento.
  • Agravamiento de enfermedades crónicas.

Signos de pérdida de conocimiento o de fuerza, debilidad, aturdimiento o confusión al hablar también justifican una visita a urgencias.

Seguramente la razón por la que vayas al servicio de emergencias es porque te sientes asustado y no sabes lo que te pasa. Mantén la calma y reflexiona sobre si realmente es necesario que debas ir o puedes esperar a tu médico de familia.

 

Una gastroenteritis, un dolor de muelas, un resfriado común o un tapón de cera en el oído no son motivos suficientes para acudir. Estos síntomas que producen todos no son graves y la mayoría tienen que ser tratados por tu centro de salud habitual. Son muy molestos, pero muchos son tratables incluso en casa. Debes pensar las cosas con calma y reflexionar sobre si tu enfermedad o problema es realmente importante para ir al hospital.